Mi carné de lector aficionado




MI TAPIA EN FASTEBURRO Y MI TOLDO DE BUITRER

(próximamente quizás) 


Un lector como los de antes: 
Acomplejado e infantil, que sólo lee tebeos y la tiene pequeña. 

Bloguero minifundista con boina y una dentadura a la inglesa de las que hacen época.
Tonto como pocos tontos hay no cree en el hada de la normalización del cómic ni en la naturalidad de tal concepto. ("¡El concepto!", recuerden.) Al menos el tipo se sobrevive en medio del mundillo, sea lo que sea eso del mundillo, a base de una dieta de historietas floja en cuanto a lo que a novelas gráficas se refiere, mas por lo poco de magro que encuentra en... sí, en ese EL CONCEPTO de novela gráfica que en la altruista etiqueta comercial propiamente dicha a la que realmente representa en nuestro reino de pobres.
El tonto además bien pudiera pasar a ojos de cualquier periodista o divulgador por un lector medio de los más feos si no fuese por su afición a las esquinas. Contra las que mejor uno se rasca la espalda y hasta encuentra amparo a las miserias epidémicas de sensibilidad, contemporaneidad y naifotismo del trazo que nos ha tocado vivir como consumidores. Y eso es, un consumidor de tebeos más entre muchos. O entre unos cuatrocientos, tonto arriba tonto abajo, según la leyenda que rodea al... sí, al MUNDILLO.

Téngalo en cuenta el editor a la hora de endosarle sus futuros fracasos empresariales. Si bien con una copia de prensa por ahora y otra por mañana pues... puede que... Te veo más delgadito. A qué sí, a qué sí, ¡qué tipín! 

Apíadese de él, autor:

¡No se retire todavía!
Aguante amigo, continue dibujando o escribiendo nuevos guiones como si nadie estuviese mirando. Y trabajé siempre aunque sea gratis con la alegría que debe sentirse al imaginar que igual puede caerle en suerte tenerme como uno de sus cuatrocientos (o menos) posibles lectores.
¿Alguien más ha oído ese disparo? En serio, creo que era un disparo. Y ese, otro más. ¡Y otro! ¡Uno más... Por cierto, ¿saben a qué huele el cráneo quemado? ¡De verás!, siempre creí que olería a pajaritos fritos. O a estrellas. Quizás estrellas cocidas.
¿Queda alguna en la sala? ¿¡No nos queda ninguna!? ¡Es que nadie ha visto aquí nunca una estrella de verdad ni aunque sea quemada! A qué clase de librería me habéis traído ahora...  
Me da que vamos a tener que ir pensando en aprender japonés si queremos seguir leyendo tebeos: Nime Bajo y Nime Rajo. ¡Qué pareja, y encima hasta parecen extranjeros! Póngame cuatrocientos tomos de lo que quiera que hagan. Y una lupa. O mejor que sean dos. ¡¡¡Más...

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