domingo, 27 de agosto de 2017

El integral de la máquina de hierro


Al fin edición española de esto que veis ahí, el esperado título del artista anteriormente conocido... (mejor quitarle un pedazo) ¡Eroy!, aunque nada que ver con el cineasta castrista Erroy Flynn.
¡Uhm!, lo cierto es que me falta todavía una letra para confundir entusiasmo con auténtica felicidad. Si pudiera pagar en... No, no al menos por esta reseña.

La pínula apunta ya hacia la visual de este largo recopilatorio (vacía ya la faltriquera) y en poco menos de un cuarto y mitad veremos si ha valido la pena tanto derroche. Me pasen la cimitarra para pollos congelados antes de que algún otro —"¡Flojos del carajo!; ¡cagones de nuevos lectores!; ¡no-ve-lis-tas-grá-fi-cos!"— se nos desmaye dentro de la sala frigorífica.




Servida en vasera de 32 x 24 con ese herraje "Integral" que la mercadotecnia de nuestros sagrados empresarios, para el caso, Norma Editorial, nos viene echando en cara desde hace por lo menos un lustro. Así se recogen las dos entregas de que constaría la edición original de Casterman, acertando al escoger para iluminar su portada la ilustración correspondiente al primer número (Le poids du passe). Aunque de todas maneras se eche en falta la ilustración de portada del segundo número original (L´espoir d´un lendemain). No recopilada en la edición española seguramente para dotar esta de un determinado carácter de completitud, como de producción éterea pero monolítica, con que se asume hoy la importancia de toda creación historietística. Porque la serialización no es ya por fin cosa seria. Motivo también que ha podido llevar a los editores a prescindir de la traducción de los títulos faciales de origen, usualmente, y aun cuando se prescinda de la reproducción de una portada original, utilizados todavía como parte de las portadillas que, por ejemplo, separarían las páginas de historieta que se corresponderían con cada una de las entregas originales. —Suerte que tienen en Norma de no poder hacer esto con un Spiderman o un Batman.— Y por lo menos esta vez resultaría ser hasta una opción muy oportuna el eliminar la portadilla utilizada como división entre las 46 páginas que completan el tradicional churro franco-gaufres, ya que la organización de la estructura interna del simple relato de esta historia casi invitaba a ello. Ver así enfrentadas la última y la primera página correspondientes a Le poids du passe y L´espoir d´un lendemain, fuese o no intención de los autores, nadie se lo va a preguntar, resultaría en una lectura tan natural y contemporánea como las que pueden ofertar las más patrióticas novelas gráficas del momento. Puede anotarse como prueba la habilidad de los autores para prescindir de cualquier texto con voluntad de resumen e idear una secuencia panorámica que dé cuenta de la continuidad de los sucesos entre la última página del primer número y la página inicial del segundo número original, 48 y 51 en la edición de Norma, entre las que media una insustancial ilustración donde perfectamente podría encontrar su hueco la otra portada. Si la exigencia por mantener una paginación determinada impidiera realmente prescindir de esas páginas de separación, como pudiera ser el caso. [1] 
De hecho, las páginas iniciales servirían para comenzar a modelar un típico cuaderno de superhéroes, o casi, y dan una buena idea de cómo atrapar al lectoespectador de un topetazo, presentando la acción a poco de empezar a verse dar de cabezazos a los personajes. La portada escogida, eso sí, no podía resultar más idónea para presentar esta historieta. No sólo porque muestre un hormiguero de atractivos personajes que invitan a agarrar este artefacto editorial en una librería, sino que, al poco de concluir su lectura, esta le vuelve a uno a la memoria al rescatar del mito el dolor de una familia desprendido de aquel acontecimiento real que protagonizan. Inventados, como son estos personajes, no parten de ningún vacío ni son en sí mismos el testimonio único y solitario de un narrador individual. Sin querer desvelar gran cosa, podría decir que:

Están muy presentes en ellos las distintas situaciones generacionales, la estación está atravesada de muchas vías, y en la historia se muestra hasta cierto punto la manera en que se desenvolvía la vida familiar y social (tan repetitiva y restrictiva) del tiempo que va entre las dos guerras mundiales. El tren distingue así todas las estaciones de la Alemania de esos años: la angustia, la desesperación, la inercia. Desde la atmósfera pautada por el locus horrendus nada romántico del frente del Yser a las ceremonias públicas de hostigamiento y castigo a los forzosos culpables de la humillante derrota en las calles de las ciudades alemanas. La consolidación del régimen nazi  y las proporciones grotescas de una barbarie invisible, más salvaje cuanto más cotidiana, según se ha dicho, que pasa por mostrar las hazañas de un soldado psicótico entre la niebla y el barro de un campo de batalla durante la I Guerra mundial a la vida bohemia del hijo de este y a una sociedad belga, ocupada ya entonces por el ejército nazi, casi calculadamente insensible a la persecución de los judíos. Vidas atravesadas de parte a parte, en su juventud o en su madurez, por una máquina de hierro. [2]

Así, al menos espero quede suficientemente claro que el empaque de la edición merece el derroche y vale lo que a uno le cuesta. Los minions editores se han esmerado al extraer  para las guardas de su 32 x 24 una imagen (el editor español retoma el motivo de la edición original) de entre las páginas de esta historieta que resulte del todo acorde con la perversidad del drama que narran Kid Toussaint y José María Eroy. Y la verdad es que ni siempre se molestan con estas cosas, apenas un ejemplo: La muerte de Stalin, con guardas en rojo desenamorado, aunque cuente con una excelente sección de extras. [3] Un aficionado a las catastrofes podría imaginarse que en Norma Editorial hubieran preferido encuadrar una historia como esta dentro de la colección Nómadas. Más discreta, pequeñita, y hasta seria. Según expedía la teoría de la novela gráfica al uso hasta hace dos días. Pero se han molestado en traducir un prólogo, incluso, y a añadir un pequeño texto a modo de noticia sobre el prologuista. Sorprendentemente, el prólogo en realidad resulta testimonial y autobiográfico, además de un paratexto idóneo para que caigan en las peores trampas de la divulgación periodistas y críticos. —De haber sido lanzado a la vía desde la locomotora de Astiferri media España estaría llorando o gritando donde se llora y grita ahora mismo (¡en Fasteburro y en Buittrer!).

Agárreme usted ese prólogo (y no sea quejica):

Viste mucho el prólogo. Por la trascendencia de quien lo firma, lo evidente de su dolor y la grandeza de su tarea. Simon Gronowski, que nació en 1931 y es judío, pudo plasmar sus vivencias infantiles en uno de sus reportajes novelados y continua ofreciendo testimonio de las persecuciones y los crímenes contra la humanidad que él mismo sufrió siendo todavía niño durante la II Guerra mundial. La historieta de Toussaint y Eroy parte de ese conocimiento legado por Simon Gronowski no como un modelo que permite representar los hechos históricos, pues ni siquiera aparece como personaje, sino para ofrecer una experiencia palpable y medida. Acaso porque sin ser esta una de tantas groseras biografías en viñetas como hay, ni una adaptación, comprendemos que el que hoy ha llegado a ser Simon Gronowski marchó también en uno de los vagones que transportan hacia la muerte a los portagonistas del cómic. Su vida, como cuenta en el prólogo, se cruzó un día con la de quienes pudieron ser unos personajes más de esta historieta. Él sobrevivió. También algunos de los protagonistas de la historia lo conseguirán. En ese momento, la ficción trascenderá la más vulgar significación intencional (toda metáfora), lo quieran o no los autores, aunque de todos modos nadie se lo vaya a preguntar, y la similitud con los referentes reales dejará de ser importante. De tal modo que se logre alcanzar la simpatía definitva que consagra al poder de lo dibujado todo lo concreto. El seísmo histórico será entonces ya indistinguible de la incisión rigurosa de la ficción, y, tal como creo que temían en Casterman, verdaderos propiciadores de esta introducción, el rostro del prologuista quedará así fijado en la copia hasta que sus diferentes historias nos resulten una por otra iguales.
La orientación emocional del contexto histórico y social asimilada a una fórmula de verosimilitud a partir de la que presentar los argumentos del desguace militar queda para el prologuista. Al igual que los peores actores de Hollywood, de John Wayne a Vincent Price, los personajes actúan mucho más eficazmente que cualquier testimonio. La historieta es la auténtica casa de horror. Infernal como es, hay algo que pertenece al reino de la humanidad en todos sus rincones, planas, viñetas, dibujos, que sin duda hará regresar al lector de donde quiera que haya venido para no volver a cerrar ni asegurar la puerta de su paraíso. Al contrario de lo que suele ocurrir tras consumar el disfrute de tantísimas historias convertidas luego en programa de mano de unos hechos históricos "que se deben dar a conocer".


No existen fuerzas extraordinarias.
(Leitmotiv antigubernamental.)

Mediante esta primera página se inicia el comienzo y final de la historia. En su última viñeta, la protagonista, cansada de tanta oscuridad, aparece cegada por el pasado, y, así, introduce al lector por las siguientes páginas en las calamidades que resumen y acotan su desgracia personal, y el tema que ocupa a los autores en esta historieta, a través de distintas secuencias en las que el tiempo de la historia y su discurso conseguirán salvar para el lector la distancia infranqueable que parece velar la mirada de Olya respecto a los acontecimientos históricos con que la han condenado. El ritmo en el que se disponen las secuencias es ya una profundización de esta condena en la que se hunden los personajes. Los hermanos que no regresaron. Los padres que sí lo hicieron. Junto a los dones que, en cualquier caso, nunca se conseguirán cultivar, siendo trocados por un humillante asesinato como culminación a la aventura de la I Guerra mundial. Un relato dispuesto anacrónicamente que implica hasta a tres familias de distinto origen. De este modo, Joachim, padre de Olya y Mathias, cruza su vida en una misma trinchera en el frente de la I Guerra mundial con la del padre del soldado del ejército nazi Wilhem Maier, quien, a su vez, va a compartir la suya con Olya. Y por dos veces. Sin que de su primer encuentro, todavía en Alemania, siendo unos niños, vaya a asomar una posible redención para ninguno.
Pronto se advierten tres grandes momentos, parcelados por el guionista de acuerdo al carácter y la hoja de vida de cada uno de los personajes: la amistad y el amor, la guerra y el miedo, el dolor y la resignación. De hecho, el único héroe de la historia es un suicida. Que solo con su irrupción modifica la que en cualquier otra trama podría haber devenido en una gloriosa atmósfera bélica protagonizada por peregrinos hollywoodienses que fueran a alcanzar la iluminación a fuerza de contemplar atrocidades. Su espectral aparición durante la primera parte de la historia (la primera de las dos entregas para la colección original; y ahora ya me empieza a (sigh) enfadar esto de no poder pagar en...) va a ser espectacularmemente duplicada en la segunda mitad, en las páginas 70 a 72, replicando un acontecimiento que se localiza en el mismo tiempo y lugar previamente conocido del lector en páginas 7 a 9, una escena mediante la que se presentan dos perspectivas y secuencias distintas de un mismo lance en el campo de batalla. Desde el bando alemán, en primera instancia, con el sacrificio inútil del hermano de Joachim, soldado judío del Ejército imperial, así como desde el bando contrario, a través del cabo Alphonse Thys, el ejecutor, con lo que acento expositivo y argumental confluyen en el clima moral que rodea a la guerra. Donde las acciones heroicas llegan más lejos y alcanzan resultados más atroces de lo que que las propias órdenes de batalla a veces demandan de los soldados.
A partir de este mismo esquema de repeticiones se reanuda la vida tras la I Guerra mundial, destaca en este punto la negación a admitir el sufrimiento dejado por la contienda en alguno de los personajes así como la puesta en paralelo de este olvido con la situación dramática que derivará en una fractura social en Alemania. Un romance frustrado, una vida familiar trágica  y un enfrentamiento postergado propicían además que en este circuito de repeticiones entre padres e hijos algunos de los personajes que van a agrandar acciones pasadas troquen aquí el rol que jugaron respecto a las figuras a las que duplican. El misterio que se dispone en torno a las tres familias recae principalmente en el lado judío: el protagonismo de Olya es central, pese a la orientación coral hacia la que se ha ajustado la historia. En última instancia, es alrededor de Olya que circulan el resto de personajes y la armonización entre aquellos que ilusoriamente se configuran al margen de la sociedad y los que han quedado diezmados en su voluntad por los estándares del nacionalsocialismo. Más exactamente, los amantes dan forma en esta historieta al acto de conciencia que sobre la realidad de las coordenadas espacio-temporales tiene que llevar a término el lectoespectador. La reunión frustrada aun en su inicio, durante la juventud de Olya, se duplicará justo al final. Ya entre medias, como para mayor suspense, el guionista no dejará lugar a dudas sobre la imparcialidad de un amor que podría ocultar también una traición.  
Y, ya era hora de decirlo, estamos ante una historieta romántica de la más atractiva especie. Digna de leerse por la más gorda de vuestras madres y tías.  —Los padres y los tíos gordos no leen, porque leer por simple disfrute no es serio; lo serio es el fútbol y la novela gráfica en cuadernillos estadounidneses a colores.— En la que el realismo cronotópico que acompaña desde siempre a la historieta de temática histórica de tradición franco-graufesa se cultiva de principio a fin, aunque nunca resultaría tan atractiva (¡ni la mitad de la mitad de atractiva!) si el jodio del guionista no hubiera sido capaz de activar para nosotros ese cachivache tan conmovedor que, dicen, mueve hasta a las vacas. Y no sé yo si hasta a las moscas que persiguen a las vacas.


Mi secuencia favorita, una delicia ver que este autor es capaz de llevar a página situaciones tan cotidianas como esta.

Todavía quedará quien crea en lo inconveniente de proponer un análisis de conciencia acerca de un acontecimiento como la Shoa y lograr esto por algo menos de cien páginas sin incidir necesariamente en las imágenes más impactantes, aquellas que han ilustrado la dimensión inhumana del salvajismo nazi consumando su contexto histórico-político. Que desde luego son escenificadas aquí igualmente, por ejemplo, a través de la evolución del exterminio y la progresión de sus métodos técnicos. Aunque ocupando una dimensión más informativa que narrativa, tal y como se entiende en una historieta desde que Tintín dio su primer paso alargando las piernas para echar a correr de una viñeta a otra:
Mediante páginas en las que de hecho se acumulan datos, fechas, citas y personajes relevantes, e, incluso, algún otro menos importante para el desarrollo de la guerra y la situación de los judíos dentro del conflicto. Totalmente supeditadas a la historia de los personajes y a las distintas circunstancias vitales que estos atraviesan a lo largo del relato, así como a la más compleja disposición cronológica, unas veces ligadas más evidentemente que en otras, como ocurre entre las páginas 62-63 y 64-65, o 66 y 67: en las que un simple diálogo (pág. 63) o uno de los elementos de alguna de las viñetas (pág. 66) sirve de engarce entre las secuencias protagonizadas por los personajes de la historia y estas páginas netamente informativas. Que, por otro lado, no se caracterizarían ya por una eficacia narrativa tan dependiente de la secuencialidad como por un requisito de verosimilitd con el que quede fijada una relación causal y temporal dentro del marco en el que se desarrolla la historia. Nada nuevo para su ilustrador, al que ya se le recuerda alguna página similar precisamente en cómics o historietas de la misma forma inclinadas argumentalmente hacia el espectro de lo militar (de las cuales tal vez sea Off the record (2014, Jot Down) la más cercana en el tiempo). Pese a que ninguna posea una costura de este tipo. En cuanto a lo exigente de su documentación y lo intrincado y preciso de la acomodación a cierta verosimilitud histórica como exige el mercado vecino de más allá de los Pirineos. Los locos de la historia, y más todavía los chalados por los conflictos militares, están de enhorabuena.
Los que simplemente siguen a Eroy como pudieran hacer con tantos otros autores, tendrán que conformarse con pasar las páginas y tratar de entrever dónde ha podido dejar esta vez el autor su estampilla a través del espaciado de tantísimas viñetas. El contorneado de algunas figuras o rostros y el uso de determinadas  perspectivas a modo de una caligrafía de autor llevarán se quiera o no al encuentro de aquel otro dibujante. El mismo de siempre pero con más páginas troceadas bajo su escritorio. Y puede que hasta el reflejo por dos veces hermoso de algún viejo personaje haya prestado aquí su máscara a otro mucho más joven que él. Se ruega destapar hacia la mitad y empezar a escudriñar los cristales rotos si lo que únicamente se persigue es el olor a viejo. Y dejarlo estar ahí. Porque lo demás es nuevo y mejor que aquello en lo que aquí se trata: un drama histórico con un amplio grupo de receptores que incide en la manipulación, el miedo y la opresión, particularmente de los judíos, y donde Eroy tiene la suerte de plasmar la cotidianeidad de ciertos instantes con la alienación provocada por las dos guerras mundiales. Con toda la acumulación de referentes y recursos que le han hecho conocido del aficionado español (y tan odiado en Plutón; donde sus obras completas han llegado a quemarse públicamente en varias ocasiones, según he leído en Wikipedia).
¿Estilo? ¿Vicio? ¿Oficio, celeridad y economía de medios? Un poco de los tres, necesariamente. —¡No todo es arte y desmayo del aficionado!


Encabalgando viñetas (¡a la porra el espaciado tintinesco!) para satisfacer el gusto por lo fantástico de los más feroces.

Como quiera que nunca estaremos seguros de si será editorialmente factible volver a tener a mano en español un 'coso' —¡el pago en... el pago en....; ojo al guionista, y a como organiza sus recursos dentro de los márgenes del álBum francés: es de los que salen a la pista de Baile con camisa de fuerza y disfrutan Bailando— de estos dos autores, más nos vale guardar nuestro ejemplar a buen recaudo de amigos o mascotas. No prestarlo ni a sus novias (o a sus madres), y hacer que se lo compren de una vez o pierdan la mano en un cepo intentando robar uno.
Creo que he visto en francés, colgando por ahí, hasta una guía escolar dedicada a À l'ombre du convoi. Por entre los cascajos de la blogósfera de la cosa del tebeo, una reseña que vale la pena:

A la sombra del convoy, de Toussaint y Beroy: historias de la Historia con un hecho real de fondo


Y de parte del editor, una ficha dentro de su catálogo online. Aunque por lo menos eliminaron de la tapia en Facebook el comentario de un idiota negacionista que ni era pelirrojo.

[1] Y con esto se acaba el momento frikizoide, al primero que intente venderme ahora un muñecajo o alguna camiseta le retorceré el brazo hasta oírle gritar Shazam.
[2] Para vagos en busca de una sinopsis editorial, o exégesis prologuera: "¡Shazam!"
[3] ¡Qué se note que ando nadando en dólares! —Luego los recojo y los seco para volver a ducharme otra vez; pero sólo por gusto, con tiempo, y no más de dos o tres veces al mes.

jueves, 15 de diciembre de 2016

Una ojeada (y última) al núm. 0 de Tebeosfera


Ante el inminente estreno de la nueva superproducción de la revista web Tebeosfera que se dedicará a "¿lo qué cosa?", toca echarle un último vistazo a la que ha sido primera entrega de una nueva época para el proyecto, su sitio web, el alcance y las posibilidades del Gran catálogo de la historieta, así como quizás de la asociación cultural misma que lo sostiene.


En cuanto a la revista, esta me parece se presenta de un modo simple a la par que atractivo respecto a su etapa anterior. Permitiendo ahora acceder a sus contenidos a partir de viñetas mediante una agrupación de estas en tres apartados distintos: con una sección monográfica de artículos sobre un tema concreto y un apartado exclusivamente dedicado a reseñas (no necesariamente de tebeos o sobre historieta), entre los que media una segunda sección con artículos que no se ajustan al eje temático del número reunidos bajo el epígrafe de miscelánea. Lo que es muy adecuado al añadir variedad, pues ni siempre le va a interesar a uno el que pueda ser tema central en todas las entregas de la revista. En ese sentido, como apartado específico que son, también las reseñas van a permitir que los lectores fondeemos alrededor de esta publicación teórica dedicando siquiera sea un instante a leer una de esas críticas. Que por tratarse comúnmente, supongo, de una novedad o de un tebeo de relumbrón a todo el mundo interesa siempre conocer. Creo que no es del todo descartable que se convirtiesen las reseñas en un muy buen escaparate incluso para los ignotos y desconocidos libros de historietas que se publican en catalán, euskera y gallego, sobre los que todavía resulta tan difícil conseguir cualquier mínima información en español dentro de internet. O al menos ese sería mi deseo. Al que podrían añadirse autopublicaciones varias y fanzines, de noticia siempre incierta y, por ello, también de difícil adquisición.
En un principio puede parecer que la portada se presenta algo anódina respecto a su aspecto anterior. Pero sin duda resulta al revés a poco que uno se fije en toda esa información a la derecha de su pantalla: con la posibilidad de acceder directamente desde allí a las redes sociales, los distintos catálogos y búsquedas, y el seguimiento de la actualidad que permiten los titulares del Tebeorama. Por no hablar del escalofrío de placer que se experimenta a cada consulta del sitio de Tebeosfera viendo como hay siempre disponible una última imagen con una nueva catalogación o novedad editorial que puede ser consultada sólo con hacer clic sobre ella. La agenda de concursos y festivales, el obituario, las encuestas, y las recomendaciones de lectura a modo de obras destacadas.
Y es que por fin se ha conseguido integrar la revista web y toda Tebeosfera.
Ahora, por ejemplo, uno puede desplegar a voluntad todos los contenidos de la revista pulsando sobre el signo + que encabeza cada apartado. Igualmente se pueden ocultar mediante el signo - todas las viñetas de una de las secciones para dejar a la vista aquella que más interese en un momento concreto. Recordemos los malabarismos que antes eran necesarios para encontrar un artículo cualquiera dentro de un número de la revista, siempre sepultándose unos sobre los otros a medida que eran publicados, con lo que acababa resultando más rápido abrir directamente el índice completo con todos los títulos de los artículos que colocar el cursor sobre la ventana de la portada del propio número para poder ver títulos y más títulos subiendo o bajando como en una noria. Y tú haciendo de burro para moverla y a la vez acertar entonces a pulsar sobre alguno de ellos. Aunque eso sólo si eras capaz de recordar el título concreto del artículo que estabas buscando, o el nombre de su autor, en caso contrario ya podías prepararte para echar horas rebuscando. Que tampoco estaba mal si es que al final acababas leyendo otro texto en el que quizás todavía no habías reparado.
Yo alguna vez hasta creí estar en medio de un sembrado a la rebusca de patatas. En cambio ahora... Qué descanso el nuevo sistema a partir de viñetas, acertaría a pulsar sobre el artículo deseado incluso sin gafas. —La cosa les salió a prueba de rompetechos.
Pero no nos quedan más que unas cuantas horas a bordo de este número:

El editorial obviamente ha servido para presentar la nueva etapa de Tebeosfera. Insistir en los objetivos y valores que su asociación persigue, avisando a su vez de las nuevas posibilidades a la barriga de la cultura gráfica. Con el asunto mi.Tebeosfera de por medio; que hará quedar en nada al caballo de Troya en cuanto se levante sobre sus tres patas: a las fichas de no pocas publicaciones les acabrá saliendo el ombligo hacia afuera, y, pronto, aumentarán los números de muchas de las colecciones. Algunos patios arderán, se cambiarán rotulos y fechas, tendrán nuevas y mejores imágenes de portada y mayor información gracias al caballito de mi.Tebeosfera. Un proceso que podría resumirse con un: "Aquiles era un youtuber, y lo sabes".
Por cierto, que para leer el editorial hay que pasar el cursor justo en el espacio que media entre este y la sección monográfica. (Les ha quedado de momento medio invisible, a mitad del microverso y la zona fantasma.)

EDITORIAL PARA TEBEOSFERA Tercera época núm. 0

La sección monográfica de este número viene a ser no del interés exclusivo de investigadores, críticos y aficionados, sino también muy especialmente de quienes trabajan, comercian o informan alrededor de todo que tenga que ver con los tebeos y la historieta. A los autores por disponer de una aproximación a los tipos de formatos y obras que se están publicando en España, por ejemplo, así como otros datos que pueden auxiliarles a la hora de tratar de tomar la decisión de orientar sus proyectos hacia un público u otro. Dentro de nuestro mercado o hacia afuera. De modo semejante, los editores bien pueden fijarse en los países de procedencia de las obras que editan sus competidores y hacer cabalas para pescar nuevos títulos con que acrecentar sus catálogos en tierras explotadas por otros con anterioridad, o bien descartarlas definitivamente. Además de tomar nota e intentar sorprender, quizás en un futuro cercano, con la recuperación de formatos y modelos en desuso. Tratando así de conseguir cierta singularidad para alguna de sus líneas. Qué sé yo... ¿tebeos troquelados, tebeos diminutos? ¿La vuelta del erotismo? ¿Tebeos de 200 páginas de las que menos de la mitad sean realmente de historieta?
Lo qué falta o sobreabunda ya en algún modo dentro el mercado historietístico español y puede ser objeto por ello del interés o el desinterés del público consumidor.
Está claro que para muchos de los periodistas que escriben, o tienen que escribir o chingar de historieta alguna vez, la lectura de esta sección podría servirles incluso para dejar de dar vergüenza.
En lo que toca a los libreros, seguro que estos ya tienen una idea clara de lo que venden y pueden seguir vendiendo. Que poca ayuda necesitan en este sentido, y no hay moda que se les atragante. Nadie les venderá una moto que no puedan vender ni van a ponerse a soltar escopetazos a las puertas de sus locales esperando a que pase un cerdo volando. Pero sin duda encontrarán interesante ver qué se mueve y publica en otras lenguas distintas del español pertenecientes al estado, cifras de novedades, los tipos de colecciones, el número de lanzamientos por meses, y otros muchos datos que aun conocidos por estos profesionales podrán apreciar aquí de una sóla vez. Comparando así su propia experiencia y conocimientos con los resultados de las tablas estadísticas.

La industria de la historieta en España en 2015

Se ha incluido el ya conocido como Informe anual de Tebeosfera, correspondiente al año 2015, que para mí es como hacer palomitas en el desierto bajo una sombrilla con los pies al sol, por lo que de terrible tiene comprobar hasta que punto resulta diminuta hoy por hoy la producción historietística en Galicia. No es de mi gusto, sino más bien al contrario. Sin embargo, como achatado defináptero que nada al costado de esa balsa melusina estoy sometido a los picotazos de un entusiasmo permanente en los asuntos que tocan a la Banda Deseñada (con mayúscula inicial para cada una, "¡Graciñas!"; qué bochorno escuchar esta palabreja...) y sin este informe igual hasta acababa creyendo en la existencia de un dios católico y lector de novelas gráficas. Aunque para mí lo realmente interesante ha sido, como cada año desde que este premio existe, y me refiero al informe, cotillear la procedencia de las obras que se publican en España. Y las variaciones que experimenta el mercado en este aspecto tan específico de nuestra croqueta editorial. Que ni creo que lleve jamón serrano ni nada.
Recomiendo respecto al informe 2015 reparar en el apartado dedicado a esas publicaciones que más o menos quedan fuera de lo que llamamos tebeos, y que asolan los quioscos, aunque a veces apenas sí incluyan historietas, pero que constituyen de todos modos una curiosidad más que una molestia. Por lo menos del mismo interés que las series de libros infantiles y juveniles tales como Futbolísimos, por nombrar lo más conocido entre esa especie de nuevos pero muy viejos tebeos:

"Las publicaciones con historietas han experimentado un leve crecimiento en el transcurso de los últimos años, pero han descendido levemente en 2015. Este tipo de publicaciones son un modelo explotado en los quioscos sobre todo por Panini Revistas y Bauer, que ofrecen publicaciones de contenido variado con alguna historieta como aliciente, como Invizimals, Dragons, Star Wars Rebels, Desafío Champions y otras. Esta explotación del modelo de revista infantil soportado sobre los éxitos televisivos o cinematográficos se retrajo y además mostró una estrategia probatoria reiterada: se practican lanzamientos de uno o pocos números para comprobar si la cabecera obtiene respuesta y si no es así es abandonada para probar suerte con otra. Así ocurrió en 2015 con Transformers. Robots in Disguise, Playmobil Girls, Stikeez o Pac-Man. En este grupo estamos contemplando también tebeos que han hibridado la ilustración con el cómic o con textos, de lo que cada vez hallamos más ejemplos en nuestro mercado, incluso entre autores consagrados como Juanjo Sáez (Hit emocional), Daniel Torres (La casa) o José Domingo (Pablo y Jane en la dimensión de los monstruos), por citar tres casos."

Los tebeos del siglo XXI en cifras. La industria entre 2001 y 2015

Más hercúlea es la siguiente hazaña, Tebeos del siglo XXI en cifras. La industria entre 2001 y 2015, aunque no soy capaz de decidir si constituye por hoy un descenso a los infiernos victorioso o no. Al menos en cuanto al lector aficionado que soy, ya que en cierta forma es todo mi paisaje (o una buena parte de él) contemplado en un gran cuadro. Y las cositas que se pueden ver en los trípticos religiosos más recordados por todos no producen un vértigo siquiera parecido a comprobar lo viejos, feos y culpables que nos estamos haciendo los consumidores de historieta.
Dentro de diez años, el día del orgullo friki podremos promocionarlo a partir de la frase: "¡Estoy hecho un chaval!". Al tiempo, os prometo que habrá camisetas para todos y que estas se venderán como rosquillas.
Y si sabes que las rosquillas no son exactamente donuts, ¡tú también tendrás tu camiseta!
A destacar los cambios en la periodicidad de nuestros tebeos, eso sí que es una mutación, comentados en el punto 2.2. Considerada esta una batalla más dentro de la guerra grapa versus recopilatorio en todas las charlas entre aficionados, es decir, el cuaderno frente al libro, en este estudio se ha logrado marcar el año 2003 como fecha de consolidación del formato libro en España. Aunque sin que se haya despejado la otra gran y empalagosa incognita:

"Pero está por saber si realmente ha habido un incremento claro de la presencia de libros de historieta en las librerías generales en los últimos años. Parece obvio que se han separado del resto en secciones al efecto, lo cual dota al cómic de mayor visibilidad en los grandes mercados del libro, pero también es innegable que no se han integrado con independencia de su contenido. Los cómics siguen segregados en las librerías en un aparte, aunque es verdad que lucen con lomos más gruesos en sus anaqueles."

También se aprecia la importancia del factor fílmico en la edición de tebeos. Ya se puede adivinar el incremento de las traducciones ligadas a este fenómeno. Aunque yo he prestado más atención a todo lo que se expone sobre la presencia de obra nueva producida en España, cuyo incremento se sigue fácilmente por medio de las estadísticas, y el tipo de colecciones (punto 2.6), monografías, lanzamientos únicos, colecciones seriadas numeradas o no, y lo que puede suponer la elección de uno y otro tipo de edición para editores y lectores. Demencial es el punto 2.9, Participación nacional, por los resultados que arroja al marcar los tebeos publicados en España en los que se acredita la autoría de algún autor español, y del que ahora mismo deben estar tomando buena nota tanto el que será pronto presi en los USA como quien quiera que vaya a gobernar Francia. Se trata de tebeos extranjeros, estdounidenses y franco-belgas, en su mayoría, la cifra resulta escalofriante. Y parece ir en aumento. La reflexión le cabe a cada uno. Pero sin duda se trata de uno de los puntos a destacar (está claro que los guionistas son los menos entre estos autores, por cierto).
A este estudio colosal creo que sólo se le puede achacar el no haber logrado que el apartado dedicado a las temáticas fuese algo más detallado. Ya que al parecer esto sería enormemente complejo, pues hoy pocos son los tebeos que pueden adscribirse de forma exclusiva a un único género o temática. Sin embargo no nos queda sino imaginarlo, esperando a ver con qué utensilios de dibujo podría representarse una gráfica en la que pudieran tener cabida este tipo de clasificaciones.
¡Qué utilizarán después de lo aparente que les han quedado lapiceros y pinceles en algunas de las estadísticas! (Cartabones, seguramente; digo yo, con esto de lo digital, que deben de haber quedado en desuso entre los dibujantes.)

A estos dos artículos le sigue en cubierta la recuperación del anemómetro de Antonio Martín: La industria del cómic en España.

La industria del cómic en España

Muy acertado acompañamiento para el número y el tema que ocupa su apartado monográfico por cuanto no puede ser más verdad que sólo se puede conocer midiendo. Y que es mediante la lectura de textos como este que un lector aficionado va a poder hacerse una idea sobre la atmósfera que le rodea. Saber de dónde vinieron los nubarrones y distinguir a los peces. Pues no se trata de un mero recuento de publicaciones y editores españoles, sino sobre todo también de las condiciones de trabajo de los autores y la subordinación del medio a diversos factores sociales, políticos o materiales, como de los muchos cambios (perdidas, olvidos, innovaciones, promesas) que en la historieta española y su industria se han producido desde finales del XIX hasta principios del siglo XXI.
Y es, como solía decirse, de obligada lectura. —Más allá de los credos y las variopintas ideologías comiqueras que cada lector maneje dentro de su casa o entre familiares y amigos.
Como coletazo final llegan los mordiscos en el aire de varios de los editores surgidos del abismo español entre los años 2005 a 2015. Una serie de convulsiones y dentelladas amorosas en respuesta a un cuestionario titulado: El nuevo amor por los tebeos. Editores españoles 2005-2015.

El nuevo amor por los tebeos. Editores españoles 2005-2015.

Ahí se puede echar un vistazo a los editores que accedieron a responder una serie de inocentes preguntas y los que no. Aunque, bueno,  en realidad el cuestionario no peca de ingenuidad ni es bobo y es muy cierto que se conduce inteligentemente en cada una de las cuestiones que se abordan. De hecho, si yo fuese editor no sé bien qué habría hecho al recibirlo, o si hubiera consentido en ser totalmente sincero. Se aprecia esto no tanto entre los que se han escaqueado (de los 29 convocados sólo acabaron participando 18) como en la utilización de recursos humorísticos en las respuestas dadas por algunos de los editores. El humor suele ser la última defensa de los hombres; vale, y también de los niños y de las mujeres. Sólo los bonobos parecen haber desarrollado una estrategia mejor, aunque no creo que nosotros debamos intentar imitarla hasta que el cambio climático esté un poquito más avanzado y logremos prescindir por fin de la moda y la ropa interior.
Aquí parte de la introducción, sacando el primer clavo a la tapa del ataúd (no sé si abombada; eso se sabe apenas al acabar de leer el texto completo y las respuestas de estos editores):

"No es fácil comparar los cómics que se hacen hoy en día con la historieta tradicional, la de “toda la vida”. No lo es porque no se puede hacer. Los modelos de creación, edición, producción y distribución han cambiado tanto o más que en otros medios de comunicación que exigen alguna tecnología para tomar forma. Méliès hacía maravillas, pero cualquier uso de los efectos especiales actuales supera sus balbuceos cinematográficos. H. G. Wells se lo pasó muy bien inaugurando los juegos de estrategia con Little Wars, pero no hay modo de comparar aquello con un MMORPG de hoy. McCay nos llevó en volandas por sueños de papel, pero las posibilidades que proponen los cómics contemporáneos llegan mucho más lejos. Van más allá de los sueños, sobrenadan la ficción y la vida."

Yo no digo más, que esto se lee de un tirón y vuelve a leerse otra vez enseguida que se llega a la última línea.



 
Dentro del apartado de miscelánea me quedo con el artículo de Roberto Hernández y su recorrido por las tiras de historieta cubanas publicadas en prensa: El destino de las tiras cómicas en la prensa cubana 1959-2015.
Y puede que en la elección no pese tanto lo que de exótico pueda tener para un aficionado español conocer no únicamente que se crean y dibujan historietas en otros países distintos de Japón, Estados Unidos, Francia o Bélgica, sino observar que, contra lo que creo que ha ocurrido en España, en otros lugares se han seguido publicando todavía hasta hoy tiras dentro de los periódicos de una forma u otra.

El destino de las tiras cómicas en la prensa cubana

Este estudio en avanzadilla cuenta con el suplemento de unas muy buenas muestras. El autor tampoco cae en el que pudiera haber sido un anecdotario amable o simpático sobre las distintas series y sus autores, entrando a considerar las carencias y los logros de estas obras por igual. Avante las derrotas que el medio tomaba en la isla, Roberto Hernández sabe trazar de la mejor de las maneras aquellos puntos que tal vez pudieran dotar de cierta especificidad a una tira o un personaje concretos y subraya para el lector desconocedor de las particularidades históricas y los usos sociales de los cubanos aspectos que de otro modo acabarían quedando fuera de su comprensión. De modo que constituye un placer seguir el artículo mediante una lectura que no exige retrocesos ni sufre de continuas y fingidas llamadas al pie que, como tantas veces ocurre, apenas suelen ocultar cierta incapacidad para la síntesis por parte de otros autores más habituados a chinchorrear con sus cuentos y  manías al lector aficionado que a ofrecer un verdadero análisis o comentanrio concienzudo y puntilloso sobre su material de investigación.
Por otro lado, ¿no resulta notable la cantidad de excelentes textos que sobre la historieta cubana llevan publicándose en Tebeosfera?
Yo quiero un libro sobre el medio en Cuba para ya.  Aunque saliese con barba...







Del cuerpo reseñístico de este número 0 de la tercera época de la revista web Tebeosfera tengo que admitir que no me ha asaltado el cerebro ni ha hecho que se le salgan los goznes a mi corazón. Porque, si bien Max y Tezuka son la clase de autores sobre los que siempre interesa estar informado, las obras que se reseñan no me parecen lo suficientemente estimables dentro de la trayectoria de estos dibujantes. (O eso creo yo.) Así la narración en torno al desarrollo del movimiento de los personajes del maestro de la historieta japonesa pueda constituir una vez más un acicate para la lectura de Alabaster, lo cierto es que el argumento y el desarrollo de esta historia resultan rutinarios incluso para su época; como, por otro lado, demasiado inconcreta, y nula, finalmente, queda la metáfora sobre la piel de un título y una sinopsis que prometían bastante más que lo que podían ofrecer. No obstante, de todos modos, la reseña de Francisco Javier López debería ser alabada por su precisión a la hora de valorar la creación de esta obra y al peculiar protagonista de la misma en su tiempo y lugar de origen.
Tampoco El tríptico de los encantados ha sido un tebeo que me haya traspasado. Más filósofico que puramente imaginativo en el abordaje de la obra que lo inspira, sigo, tras varias lecturas y ojeos de este tebeo, con la misma sensación de haber estado leyendo una guía onírica menos fascinante que encantada con la posibilidad de interpretar humorísticamente el absurdo razonable de los símbolos que en el Bosco han sido mapeados con mayor profusión. Aunque exista por lo menos un relato, casi adivinatorio, que mantenga el interés por la lectura más lineal y simple de la historia.
Admito que yo hubiera querido una fantasía, un verdadero movimiento de estos adeptos a la sangrienta batalla contra el tiempo, porque en parte estoy enfermo. Pero Max ya no parece estar dispuesto a retratar encierros para la aventura tan ordinarios.
La reseña está tan bien medida como es costumbre en quien la escribe, y no se vuelve fatua ni patufética como a veces ocurre cuando la crítica se encuentra (o tropieza) con un autor incuestionable.

Reseña de Alabaster, Tezuka: Rebelión contra la belleza

Reseña de  El tríptico de los encantados, Max: El Bosco según Max. La farsa del mundo

[Descanso de dos minutos para ir a comprar unos chicles. O gritar desde la terraza. —Nada de salir a fumarse un pitillo como hacéis en Fasteburro.]

YO TAMBIÉN: Participé del boicot a ExpocOmic 

Pero platónicamente, vamos. De haber podido ir... ¡Hasta pagando la entrada!
Así que este año tuve que conformarme con la comuna de hippies de la Asociación Cultural Tebeosfera y su guateque anual  —¿¡y desde cuándo sé escribir yo "huateque"... Invasión de los ultracuerpos, invasión de los ultracuerpos, invasión de los ultra...— donde de puro capitalismo pude hacerme con mi ejemplar del libro que tocaba leer esta temporada tebeística otoño - invierno 2016, más un par o tres de abrazos gratis. Como para no echar de menos ExpocOmic.
No puedo hablar de los aspectos judeomasónicos ni entrar en detalle de cada uno de los temas austrohúngaros que allí en la asamblea-contubernio de Madrid se trataron. Aunque hay algunas fotos en Pinterest muy ilustrativas de los rituales y sacrificios humanos que llevamos a cabo los socios que acudimos a la convocatoria; lo de los baños de la biblioteca tenía mala pinta ya antes de que llegasemos nosotros. Por lo que, y debido a una serie de disposicioness contractuales que pondrían precio a mi cuello, me conformaré con recomendar la compra de un libro (a esto no hay cláusula que me obligue):


Tocó en suerte una segunda entrega de Memoria de la historieta, libros teóricos sobre las series, publicaciones y autores españoles que son patrimonio de este medio y objetivo de la atención de esta colección. Pulgarcito, El DDT, El Coyote, Sissi, Lily y Esther, Patufet, Trinca; con Manuel Barrero y Alfons Moliné, Álvaro Pons, José María Conget, José Joaquín Rodríguez y Paula Andrea Sepúlveda, Jordi Riera, Rafa Marín. Desde luego, puede decirse que al que no le suenen estos títulos y nombres tiene su reino muy lejos del mundo de la historieta y de los tebeos.
Para quienes no conozcan la colección, unos breves apuntes:

Edición exquisita.
Cartoné del bueno con lomo curvo y cuidada maquetación y diseño de todos sus contenidos, buenas y abundantes ilustraciones, y sin un apuro a la hora de diferenciar secciones, apartados, capítulos, notas, bibliografías e índices. Cubiertas, y sobrecubiertas, ilustradas por Kim (creador de Martínez el facha, entre otras cosas) continuando en cierta manera la ilustración también doble de portada que dibujara Paco Roca para el anterior libro de Memoria de la historieta.

No sorprende encontrar a Fernando Savater como prologuista en una publicación dedicada a las revistas de historietas juveniles como esta, pues pocos intelectuales que gocen de tanta estima y notoriedad públicas han podido declararse lectores de tebeos en España con más naturalidad y durante más tiempo (ya irá para cincuenta años, lo menos) que el escritor y filósofo donostiarra. Aunque breve, el prólogo resulta tan atinado que sería puro vicio desear que fuese más largo. Sin embargo, lo que hubiera estado bien para un lector que no lo fuera habitualmente de historietas, puede acabar resultando escaso para un aficionado ya muy entrado en páginas de tebeos, o con la sesera llena de ellos, como me ocurre a mí, que hubiera esperado más de un filósofo que tanto ha escrito por y sobre los jóvenes y la aventura.
De todas maneras ahí está Rafa Marín para arreglarlo. ¿El anillo en el agua?
No creo que sea casual que tras el prólogo me diese por seguir leyendo precisamente el capítulo último de este Tebeos. Las revistas juveniles titulado: Trinca: alba de España. Aun siendo de entre todas las publicaciones a estudio la que mejor conozco. Por no decir que Trinca es la única que realmente tengo a mi alcance conocer con cierta profundidad debido a su relativa cercanía en el tiempo y, no menos importante, en comparación al resto de revista tratadas, por el escaso número de entregas que componen esta colección siempre tan bien referenciada por críticos y divulgadores.
La forma en que aborda Rafa Marín su acercamiento a la revista Trinca resulta chocante en un principio, aunque acaba mostrándose muy conveniente por lo persuasivo de las formas que emplea aquí un crítico tan avezado como él para encontrar cada vez una palabra o frase distinta, quizás en principio demasiado contundente, casi decisiva, capaz de abarcar las bondades y los despropósitos de una obra o de un autor. Así, entre un poco de todo, los datos necesarios, los improbables y lo circuntancial acaban sumándose con ánimo de memorialista:

¡ERA LA HISTORIETA, ESTÚPIDOS!

Lo pretendieran o no, lo disimularán o no, TRINCA era una revista de historietas. Y esas historietas, en medio de aquella batalla entre lo que era tebeo o lo que era cómic, son lo que ha quedado para nuestra particular historia. O, al menos, parte de aquellas historietas.
Como casi todas las revistas que vendrían luego, quizás como muchos de los títulos que vinieron antes, TRINCA tuvo el problema de rellenar un montón de páginas con materiales de diversa índole que no siempre estuvieron a la altura. Baste recordar, en fechas posteriores, las muchas historias de relleno que conformaron otros títulos del imaginario colectivo de la Transición: díganme ustedes si hubo unidad temática o política editorial en Tótem o sus revistas hermanas que no fuera meter en un cajón de sastre toda la ingente cantidad de material que no había llegado a España desde Argentina, Italia o Francia.
Lo mismo sucede en TRINCA, y hoy podríamos achacar al desconocimiento de lo que supone la calidad de una historieta o a la necesidad de contentar a públicos que no se han medido la enorme diferencia que hay entre unos autores y otros, entre unos personajes y los demás. Hasta cierto punto, TRINCA es una revista autárquica que se nutre prácticamente de autores españoles [...] algunos de ellos consagrados, otros desconocidos, unos principiantes y otros con años de bagaje a sus espaldas. El problema que hoy se encuentra (y que quizá se encontraba también entonces: no hay más que ver las cartas de los lectores) es la falta de una política editorial [...] Si se supone que es una revista para jóvenes , sobran alguna páginas chuscas..."

No deja de ser una muy buena forma de dar a conocer la historia, y la historia de Trinca de paso, para quien hasta ahora no la conozca. Son este tipo de artículos los que acaban subiendo el precio de los tebeos en las librerías de viejo y las paradas de nuestros festivales. 
Y así lo que nos dan los críticos por un lado, nos lo acaban sacando del bolsillo los libreros por el suyo. Va a ser que ya no hay manera de completar colección ninguna.
Algo más marcial se muestra en el uso que hace de los datos, fechas y fuentes que maneja para el análisis de la revista catalana Patufet el estudioso Jordi Riera en su artículo: Patufet, cuando la nostalgia se hizo tebeo. (Otro acierto.)
Es, por supuesto, una publicación de la que apenas sí sabía dos cosas hasta hoy: que se trataba de un tebeo, y que se trataba de un tebeo catalán en catalán. Pero bromeo, claro. Aunque en realidad nunca haya tocado un ejemplar de Patufet. Ya que a poco que se inicia el texto de Jordi Riera, por más que la descripción que se hace de los contenidos de Patufet me hacen imaginar que su lectura no acabaría de alimentar el cuerpo de un lector moderno, se sienten verdaderos deseos de que a uno le tocase un número (y no de la lotería navideña) en suerte. Pues si algo queda en claro es que, más allá de la deriva de la publicación y la lucha interna entre modernización y anquilosamiento, se trata de una revista histórica. Preeminente y digna de estudio en múltiples aspectos, incluso sociales, a la que además habrá que tener siempre en cuenta al tratar de ciertos autores. Algunos a los que nunca hubiera sido capaz de relacionar con esta publicación. 
Gusta hasta desear que el artículo fuera más extenso por lo menos en cuanto a los comentarios sobre la series y personajes, fueran estos pocos o no, con independencia de su importancia en la trayectoria de Patufet. Pero por puro vicio, otra vez.
José María Conget y José Joaquín Rodríguez y Paula Andrea Sepúlveda reman hacia la aventura y el universo femenino de los tebeos  con la revista El Coyote y Sissy, Lily y Esther, respectivamente. 
Por desconocida, y también porque se nombraba en alguna novela, esperaba con ganas el artículo sobre El Coyote. Y lo cierto es que, dispuesta al examen de José María Conget, tengo claro que por haberla visto referenciada como una publicación mítica entre bastantes aficionados y divulgadores se me hacía una revista  más misteriosa de lo que al final ha resultado ser. No obstante, a mis ojos las abundantes muestras de las series que alojó continúan levantando un cierto aire de misterio: unas, las extranjeras, por saber ya de ellas sin llegar a haberlas leído jamás; las restantes, y no tanto las humorísticas como las policiales y los westerns, para poder por lo menos hacer aprecio del trabajo de algunos pocos dibujantes bien conocidos. ¿Es tan curioso que no exista casi que ninguna revista a la que no se le pueda dar una vuelta más todavía? 
Se trata de un artículo extenso que permite enfrentar El Coyote con otras de las revistas que en su tiempo, a la vez que ella o un poco antes, pudieron competir por una determinada audiencia, los jóvenes e incluso adultos que todavía encontraban en los tebeos un lugar de esparcimiento en el que diluirse por unas horas. Se examina su relativo éxito y su fracaso final encontrando (creo, aunque se diga lo contrario) en cierta medida las razones para uno y otro en los propios contenidos de la revista. La figura literaria del personaje que le da título y su adaptación a la historieta es repasada detalle a detalle confrontándola a veces con su base novelística. Pero sin olvidar su evolución gráfica, con fechas, nombres de los autores que intervienen, salen o entran en cada fase y en sus historias más destacadas. Las series, y son muchas, que ocuparon las páginas de El Coyote son divididas por el crítico por sus temáticas, atendiendo muy especialmente la presencia de determinados autores. Sin duda las prendas historietísticas que más nos sorprenden a los lectores que no estuvimos allí para asisistir en tiempo real a su descubrimiento son algunas de las policiales y bélicas, aunque, también, las pertenecientes a una cierta forma de ciencia ficción como de ropero, por lo absurdo y tosco de su concepción y argumentos. José María Conget no tiene reparos en distinguir las historias que aún son aceptables, o lo fueron en su día, de aquellas que resultaban descabelladas incluso desde el primer momento de su concepción.
Importantes autores trabajaron sus lapices con mejor o peor fortuna en esta publicación de aventuras, y parece que incluso aquí encuentran parte de su fama y fortuna algunos de ellos. De la aproximación entre unos y otros, de su futuro y de su pasado, así como de las series y el posible contraste entre unas y otras da medida el texto.
Será complicado refinar todavía más cualquier otra aproximación sobre la misma revista después de El Coyote o la madurez solitaria. (Pero estoy abierto a que, por lo menos, se me regale a cambio de nada aquel libro de imágenes y magisterios que EDT dedicó a esta misma revista hace nada.) 
Lo siguiente era..
Yo leía Lily y Esther de chiquitín. Reconozco a sus protagonistas y personajes, desde luego. Pero no sé ni cómo o de qué manera me acuerdo de ellos, pues de las tramas de sus historias (y las pude leer por millares) no recuerdo ni un resbalón. Nada. 
Por eso me resulta tan enormemente interesante el hilo sobre el que tejen su aproximación a estos tres tebeos para chicas José Joaquín Rodríguez y Paula Andrea Sepúlveda en: Sissi, Lily y Esther: hijas de su tiempo. 
Como hasta cierto punto puedo decir que conozco, porque por ahora siguen siendo más baratos que otros tebeos para niños con barba y bigote, revistas y colecciones como son Serenata, Romántica, Rosas blancas, Gwendolyne, Claro de luna, o la propia Sissi, sufrí de cierta desconfianza al ver el título de este artículo. Me parecía, confieso, que era querer abarcar demasiado. Pero tampoco podía adivinar yo, Stan Lee me perdone, mediante qué método o en qué manera afrontaban el estudio de estas revistas. Y tengo que decir que ahora sí que estamos perdidos, es demasiado tarde para secuestrar nada. 
¡Preparaos a pagar un alto precio por el próximo número de Sissi, Lily y Esther (Gina y Jana no creo que sufran de ningún aumento en su cotización, ya que son lo suficientemente aburridas para que no les pase nada parecido) que compreis!
El estudio abarca un período muy dilatado, entre los años de 1958 a 1985, con el nacimiento de Sissi y la desaparición de las revistas Lily y Esther a un extremo y otro. Que, sin embargo, y al tratarse publicaciones editadas todas ellas por una editorial tan poco dada a grandes tranformaciones como Bruguera ya en ese tiempo, resulta más interesante a la hora de profundizar en la visión y las ideas que sobre la mujeres se difundían a través de sus historietas y distintos contenidos.  De hecho los autores se apoyan muy reflexivamente en todo a cuanto a día de hoy se suele reconocer sobre los mecanismos editoriales en Bruguera y la disposición de sus editores respecto a la comercialización y explotación de cabeceras, obras, personajes y equipos creativos. Y, realmente, desconozco si alguien pudo hacer anteriormente algo parecido con la total seriedad y cuidado como creo que se ha concebido aquí.
Aunque de forma breve, se comienza por presentar la situación de la historieta dirigida al público femenino español, y su presencia en otros países, con anterioridad al nacimiento de Sissi. Tomando en consideración para el lector distinguir entre las distintas colecciones derivadas que con un título parecido o similar irían surgiendo y sus distintos contenidos, y también, en ocasiones, por lo que implicaba a estos su adscripción a una franja etária concreta, más infantil o netamente juvenil o adolescente. Incluso adulta. Con auxilio de varias imágenes y el comentario correspondiente a pie de texto. 
El mismo seguimiento tendrán Lily y la serie Esther. Ligando los argumentos de las historietas y la caracterización de sus personajes con determinados usos sociales y hasta referentes musicales o cinematográficos que sirven para poner de relieve a la sociedad misma englobada como sustrato de las historias y mensajes que traspasan a lectores y creadores (o a los redactores de las secciones de correo, divulgación y amenidades) mucho más allá de cualquier dirección implícita o figurada. 
Tampoco se dejan de considerar aspectos gráficos ligados a la composición de las historietas. Pormenorizando al detalle por ejemplo la manera en que va a cambiar el tipo de concrección que sobre el dibujo se aplica alrededor de una idea de la belleza femenina muy determinada y cómo se va a imponer en cada época, así como el grado sensualidad con que resultaba admisible dotar a los personajes. El comentario que se dedica a los comportamientos y la relación entre los personajes masculinos y femeninos es tan importante como la reflexión que propicia el examen de las diferencias que podían encontrarse entre las historietas creadas en el extranjero y las que eran producidas directamente por Bruguera para sus revistas. Así como las condiciones de producción de algunas de las más exitosas de estas y el intento dificultoso de discernir al público que accedía a su lectura debido a la escasa diversificación de este tipo de publicaciones.   
Pero, bueno, esto no son más simples picoteos (a lo mejor ni los más importantes) de algo mucho mayor que tratan bastante ampliamente José Joaquín Rodríguez y Paula Andrea Sepúlveda en su artículo. Y que quizás ya de por sí sería digno de ampliarse en un libro específico en el futuro. Temblamos por ello. (Hablo también por mi gato, ¡qué pasa!)
El DDT contra las penas. Un retrato de la sociedad española, de Álvaro M. Pons, el hermano M(alvado) del Álvaro Pons bueno al que todos conocemos por La cárcel de papel, me supuso una lectura mucho menos dulce por cuanto no sé qué es Rico Tipo
Vale, algo sí, la tengo por una revista argentina que sale en el libro de Trillo y Saccomanno; cualquiera como yo ha podido alcanzar a leer por lo menos cuatro cosas sobre su mantenedor y sus artistas, pero sin pasar de ahí. E incluso habrá escuchado referir a alguien posiblemente el parecido modelo entre una y otra publicación. Pero sería necesario poder acercarse algo más ingratamente a la revista argentina que se supone toma como referente una siempre para mí brugueresca publicación como El DDT para no evitar pasar la vergüenza de abrir demasiado ampliamente la boca y mostrar nuestro más mero y burro (carne sobre pescado) desconocimiento ante la tesis sostenida por el crítico. Sí se ofrenda una minúscula declaración sobre la intención adulta de sus contenidos y el obvio parecido del diseño de portada y los logotipos, así como el particular y especial motivo del que hizo emblema Rico Tipo al presentar a la mujer en portada con cierta sensualidad. Que parece ser el mismo que copia más recatadamente pero continuando una línea de humor parecido EL DDT. Aunque no tanto en lo referido a los contenidos de ambas revistas debido a la tradicional divisa humorística española del momento según la cual más o menos todo debía medirse por aquel: "dentro de lo que cabe". Y es esto lo que se me da, junto a la declaración de un colaborador de Rafael González, para que crea o deje de pensar en contar mis limones. Por suerte esto te mantiene ocupado sólo por tres páginas, y, enseguida, el camino se irá bruguerizando hasta que la editorial fulmine su revista como se hace con una mosca.
Pons es prolijo en detalles, exacto en las referencias y el retrato que va haciendo al presentar las series y personajes al punto de distinguir la especificidad de los contenidos humorísticos de El DDT y hasta dónde comenzaban a diferenciarse de los publicados por otras de las revistas de la misma casa. Nuevamente, las muestras y los ejemplos gráficos resultan ilustrativos acompañando el análisis sobre los apuros y el proceder de los Amapolo Nevera, Apolino Taruguez, Doña Tula u otros de los protagonistas de unas historias nacidas del reflejo de la necesidad y la probreza moral con que por fuerza convivían los españoles. 
Los cambios y etapas que la revista atraviesa son comentados sin mayor complicación que la que supone relacionarlos con las mismas mudanzas que va a sufrir la editorial con los años. Como los abandonos de algunos veteranos dibujante y el ingreso de otros nuevos autores a la plantilla  de colaboradores que supuso el lanzamiento de Tío vivo, también la entrada de un nuevo coordinador y la creación de grupos de trabajo que acaban por diferenciar la revista muy claramente respecto a su etapa inicial. Además de los cambios legales que de modo definitivo despejarían cualquier posibilidad por lejana que fuera de cultivar un humor adulto para la revista. Así que los que no dispongamos en nuestros armarios de suficientes números de este EL DDT contra las penas comprendidos entre los publicados de 1951 a 1957 lo tenemos muy jodido para sobrevivir a cualquier clase de apocalipsis televisivo que se nos presente. 
El gato gordo de este segundo número de la colección Memoria de la historieta vuelve a recaer sobre las espaldas de otra dupla de artistas, como lo fuera en el primer libro, aunque cambie uno de los novios: Manuel Barrero, y para esta ocasión, Alfons Moliné.
Algo menos de 130 páginas dedicadas a la revista Pulgarcito, bajo el título Pulgarcito, columna vertebral del tebeo español del siglo XX, que pese a su peso no ha acabado de sepultar a sus autores. De estómago recio como para soportar también tantas imágenes que aquí se nos ofrecen de un Pulgarcito en el que llegó salir hasta una burra conocida por Nicolasa que mataba moros a golpe de sable. Y ahora ve tú a contar esto por ahí como una persona normal va al bar o a una terraza. Sigue viviendo si puedes.
Lo peor es que cuando acabas la novela no te dicen si ganó TBO o Pulgarcito.
La vela se les hinchó y combó no se sabe bien el número de veces desde que empezaron como un periódico para niños hasta convertirse en un tebeo algo más genuino tras la Guerra Civil. Más de sesenta años en los que cambió su rumbo hasta extremos inimaginables según avanzaba el propio medio, con una competencia brutal a lo largo de épocas muy distintas y diferenciadas por su contenido, presentación, y regularidad de aparición.

En el comienzo de la posguerra Bruguera era todavía una empresa pequeña que contaba tan sólo con tres máquinas de impresión automáticas planas y tres de la marca Minerva, según recogió Bermejo Martín (2015: 458). Percatémonos de la poca potencia técnica —y por lo tanto como negocio de la editorial en este momento si comparamos sus talleres con los de Sucesores de Ryvadeneira, que según el Boletín Informativo del Sindicato Nacional de Papel, Prensa y Artes Gráficas de abril de 1943 contaban con diez rotativas, tres máquinas litográficas en color, dos de huecograbado en color, veintidós máquinas planas, veintinueve linotipias, tresmonotipias, cuatro fundidoras y hasta un taller de fotograbado.
No poseían maquinaria pero a los hermanos Bruguera les sobraban aspiraciones. Se habían planteado altas metas y fueron preparando el camino para fortalecersu empresa: en 1945 se asociaron con un estudio publicitario llamado Crisol para que gestionase la promoción de sus productos y para agilizar la producción creativa pusieron en pie una división editorial, a la que llamaron Creaciones Editoriales y a través de la cual fueron registrando todas y cada una de las páginas que se elaboraban  en la redacción con destino a sus revistas...

Y a esto apenas se llega al comenzar la mitad de la novela, digo, del articulón. Aunque, en realidad bastante antes, cuando al bicho todavía le llaman El Gato Negro y estando por el ratón de la novela popular y la prensa ilustrada, nos cuentan de qué extraña manera, como a escondidas, se va ir creando la historieta en España. Según un poco al parecer de los editores (o más bien a veces impresores metidos a) y los autores, pero casi más por el público. Disparándose el consumo de prensa y libros entre las gentes más comunes. Con una invasión de semanarios ilustrados que tomaban las calles al poco del fin de la I Guerra Mundial. Asusta leer la descripción de Pulgarcito en 1921, aunque no que se llame "pretebeo" por su escasez de imágenes. Y es fascinante seguir las estrategias de sus editores en pos de la fidelización de los jóvenes lectores a costa de ensalzar la chaqueta de quien tocase en cada momento sin que, por otro lado, esta necesidad de la publicación denotase una carga ideológica cualquiera.
Los avances que dentro de la historieta se van produciendo ajenos o no a la introducción de esta en Pulgarcito se siguen con interés creciente. Todos ellos comentados con meticulosidad, y con la grandeza que dan los muchos ejemplos de portadas de la propia revista, pasando por un riguroso conteo de sus colaboradores. Hasta poder llamarlo un "verdadero tebeo" a la altura de su número 603 (cuya portada además ocupa toda una página) y poder continuar con el análisis de sus contenidos, de lo infantil o de la crueldad de sus historias. Los cambios en la dirección de la editorial, la procedencia de los materiales y la introducción de nuevas temáticas o su repetición.
Pero esto se hace demasiado largo, podría considerarse Pulgarcito, columna vertebral del tebeo español del siglo XX uno de esos textos que sería obligado grabar en un disco para hacerlo saltar hacia el espacio. ¡Lo que se iban a divertir (y asustar) los marcianitos!   Claro, hombre, la novela llega hasta Zeta y la desaparición del Pulgarcito que todos creemos conocer hasta que leemos aquí eso de...


Ficha del librazo en el: Gran catálogo de la historieta